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Carne picada del súper: bacterias, fraudes y riesgos ocultos
Evitar la contaminación cruzada

La carne picada cruda no debe compartir tabla, cuchillo ni superficie con alimentos listos para consumo. Dado que la carne triturada distribuye bacterias por toda su masa, cualquier contacto con ensaladas, panes, quesos o frutas puede transferir microorganismos no deseados. Lo sensato es reservar una tabla específica para crudos y otra para alimentos que ya no pasarán por el fuego. Lavar las manos con agua y jabón después de manipular la carne y antes de tocar otros ingredientes es un gesto sencillo que evita problemas.
Los envases también cuentan. Al abrir una bandeja, desecha inmediatamente el líquido que pueda haber dentro y evita que toque otros alimentos o utensilios. Tras formar hamburguesas o albóndigas, limpia la superficie con agua caliente y detergente. Si usas un termómetro de cocina, desinféctalo brevemente entre mediciones cuando pinches distintas piezas, para no transportar bacterias de una a otra.
Cocción completa: el gran seguro

Un filete entero puede cocinarse al punto porque su interior partía de una situación relativamente estéril; el calor aplicado a la superficie es suficiente para reducir drásticamente el riesgo. Con la carne picada no ocurre lo mismo: la contaminación potencial se ha distribuido por toda la masa, de modo que solo una cocción completa asegura la reducción adecuada de bacterias. En la práctica, esto significa cocinar hasta que no queden partes rosadas en el centro y los jugos salgan claros, preferiblemente verificando con un termómetro de cocina insertado en la porción más gruesa para confirmar que toda la pieza ha alcanzado una temperatura segura.