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Alerta: síntomas del cáncer de hueso, causas y cómo tratarlo
Diagnóstico: pruebas y confirmación

El proceso comienza con una historia clínica detallada y una exploración física completa. La radiografía simple suele ser la primera prueba y a menudo orienta con bastante precisión, ya que muchos tumores tienen patrones sugestivos. Se solicitan análisis de sangre, entre ellos un hemograma, y en función de los hallazgos se amplían estudios con resonancia magnética para valorar la extensión local, tomografía computarizada para definir anatomía ósea y pulmonar, gammagrafía ósea o tomografía por emisión de positrones para explorar el esqueleto y descartar enfermedad a distancia. En determinados casos se utiliza angiografía para mapear vasos sanguíneos antes de una cirugía compleja.
La pieza clave es la biopsia, que permite identificar el tipo de tumor y su grado. Puede realizarse con aguja gruesa guiada por imagen o mediante una pequeña incisión. Es crucial que la biopsia sea planificada por el equipo que potencialmente realizará la cirugía definitiva, ya que la trayectoria de la aguja o la incisión deben diseñarse para no comprometer el futuro procedimiento y asegurar márgenes adecuados.
Tratamientos disponibles

El abordaje del cáncer de hueso es multimodal y depende del tipo histológico, la localización, el tamaño, la extensión y el estado general de la persona. La cirugía constituye la base del tratamiento en la mayoría de los tumores. El objetivo es extirpar el cáncer con un margen de tejido sano alrededor para reducir el riesgo de recidiva. En las últimas décadas se han perfeccionado las técnicas de cirugía conservadora de extremidades, que permiten evitar amputaciones en un gran porcentaje de casos y reconstruir el segmento afectado mediante injertos óseos, endoprótesis o combinaciones de ambos. La rehabilitación posterior es parte integral del éxito funcional.