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Alerta máxima: señales un año antes del cáncer de mama
No olvides la axila. Palpa suavemente en busca de ganglios aumentados de tamaño o dolor al tacto. Si encuentras algo distinto, toma nota de la ubicación (por ejemplo, “a las 2 en punto, a dos centímetros del pezón”), del tamaño aproximado y de si cambia a lo largo de las semanas. Eso le dará a tu profesional de salud información útil. Recuerda: descubrir un bulto no significa automáticamente cáncer; numerosas lesiones benignas pueden palparse. La diferencia la marca la evaluación oportuna.
Pruebas de tamizaje: mamografía y otros estudios

A partir de los 40 años, muchas guías de salud recomiendan una mamografía de tamizaje cada uno o dos años, ajustando el intervalo según factores individuales y el criterio del equipo médico. Si tienes antecedentes familiares significativos, una mutación genética conocida, radioterapia torácica previa o mamas muy densas, tu profesional puede sugerir empezar antes, complementar con ecografía o, en casos de alto riesgo, con resonancia magnética. El objetivo del tamizaje es detectar lesiones cuando aún no causan síntomas, lo que mejora las posibilidades de tratamiento.
La mamografía utiliza baja dosis de radiación y dura pocos minutos. Puede resultar molesta por la compresión necesaria para obtener imágenes nítidas, pero ese momento breve aporta información valiosa. Si la mamografía muestra algo que requiere más estudio, el siguiente paso suele ser una ampliación de la imagen, una ecografía dirigida o, si corresponde, una biopsia. Recibir un llamado para estudios adicionales no significa que haya un problema grave; muchas veces se trata de aclarar hallazgos dudosos.