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¡4 vitaminas que arrasan con el hígado graso: la #3 te sorprenderá!
Para un aporte sostenido, reparte las fuentes de vitamina C a lo largo del día: fruta fresca como colación, una ensalada con pimientos al almuerzo y un acompañamiento de vegetales en la cena. Así evitas picos y aseguras un flujo continuo de micronutrientes aliados del hígado.
Hábitos que potencian el efecto de estas vitaminas

Hidratación constante: el hígado depende de un buen estado de hidratación para movilizar bilis y productos de desecho. Prioriza agua simple a lo largo del día y ajusta la cantidad según tu actividad y clima. Las bebidas azucaradas añaden carga metabólica; en su lugar, elige infusiones suaves sin azúcar.
Fibra cotidiana: verduras, frutas enteras, legumbres y granos integrales favorecen el tránsito intestinal y ayudan a manejar mejor los lípidos. La fibra soluble, en particular, contribuye a regular la absorción de grasas y azúcares, colaborando con el alivio de la carga hepática.
Menos azúcares añadidos y harinas refinadas: disminuir los productos de pastelería, golosinas, pan blanco y bebidas azucaradas reduce la necesidad de que el hígado procese un exceso de calorías de rápida absorción. Opta por frutas enteras y granos integrales, que brindan energía más estable.
Métodos de cocción amables: preferir al vapor, al horno, a la plancha o salteados rápidos con poca grasa de calidad disminuye la generación de compuestos que el hígado necesita neutralizar. Evitar frituras frecuentes reduce la carga oxidativa y facilita la digestión.
Movimiento diario: caminar, montar bicicleta o realizar una rutina de fuerza moderada apoya el manejo de grasas y la sensibilidad a la insulina. El músculo activo “tira” del exceso de energía circulante, colaborando con el hígado en el balance metabólico.