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¡4 vitaminas que arrasan con el hígado graso: la #3 te sorprenderá!
Una estrategia simple es construir platos con una base vegetal amplia y una porción moderada de proteína de calidad: por ejemplo, ensalada de hojas verdes con legumbres y un huevo; o salteado de vegetales con pollo y arroz integral. Así se combina aporte de complejo B con fibra y micronutrientes que facilitan la digestión.
3) Vitamina K: poco mencionada cuando se habla del hígado, participa en procesos relacionados con el metabolismo de grasas y en funciones internas que favorecen un flujo hepático eficiente. Está presente en vegetales de hoja verde como brócoli, espinaca, repollo y col rizada. Incluir una porción generosa de estos vegetales a lo largo del día brinda un refuerzo constante. Puedes incorporarlos en sopas, guarniciones al vapor, salteados rápidos o ensaladas templadas. Mantener la regularidad es crucial: más que grandes cantidades esporádicas, importa la presencia diaria de porciones equilibradas.
Si usas medicamentos que interfieren con la coagulación, es importante mantener una ingesta consistente de vitamina K y consultar con un profesional para ajustar la dieta de forma segura. En personas sin estas condiciones, los vegetales verdes ofrecen un beneficio amplio que va más allá de la salud hepática, incluyendo soporte para huesos y digestión.
4) Vitamina C: favorece la producción de compuestos antioxidantes endógenos como el glutatión, esencial para la “limpieza” interna del hígado. Cuando el organismo cuenta con suficiente vitamina C, la carga de trabajo oxidativo disminuye y los procesos de detoxificación funcionan con más fluidez. Una forma práctica de empezar el día es beber agua tibia con limón. No es una cura mágica, pero sí un gesto sencillo que aporta vitamina C y puede estimular suavemente la digestión. Además, esta vitamina abunda en frutas como naranja, kiwi, fresas y piña, y en vegetales como el pimiento rojo.