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Descubre las 3 Claves Esenciales para Comprender el Cáncer Hoy Mismo
División celular descontrolada

Las células de nuestro cuerpo se dividen constantemente como parte de un ciclo de renovación y reparación de tejidos. En condiciones normales, existe un equilibrio entre la proliferación celular y la muerte celular. Este equilibrio está controlado por genes que regulan la división y el ciclo de vida de las células. Sin embargo, en el caso del cáncer, algunas de estas células sufren mutaciones en sus genes regulatorios, lo que resulta en un desequilibrio crítico.
Existen dos tipos de genes que son especialmente relevantes en el proceso del cáncer: los proto-oncogenes y los genes supresores de tumores. Los proto-oncogenes son versiones normales de genes que impulsan la división celular. Cuando estos genes experimentan mutaciones, se convierten en oncogenes, que son versiones hiperactivas que estimulan la división celular de manera continua, incluso cuando no hay señales externas que lo justifiquen. En este punto, es útil imaginar a los proto-oncogenes como el pedal del acelerador de un coche, mientras que los oncogenes serían un acelerador atascado, que no deja de funcionar.
Por otro lado, los genes supresores de tumores actúan como frenos en el proceso de división celular. Uno de los más conocidos es el gen p53, conocido como «el guardián del genoma», que debe actuar como un sensor de daño celular. Cuando una célula presenta mutaciones o daños en su ADN, p53 detiene la división para permitir que se realicen reparaciones. Si el daño es irreparable, este gen puede inducir la muerte celular programada, un proceso conocido como apoptosis. Sin embargo, cuando estos genes supresores están mutados, pierden su capacidad para controlar la división celular, lo que provoca que las células cancerosas se dividan sin restricción. Así, el desequilibrio entre la dinámica de los proto-oncogenes y los genes supresores explica por qué las células cancerosas comienzan a proliferar sin control.