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Alerta máxima: señales un año antes del cáncer de mama

2) Piel con hoyuelos, rugosa o enrojecida (“piel de naranja”). La aparición de hoyitos o un aspecto similar a la cáscara de naranja puede indicar que la piel está siendo traccionada desde dentro por un proceso que afecta los conductos o el tejido de sostén. El enrojecimiento persistente, la sensación de calor y la inflamación que no ceden en pocos días también deben vigilarse, especialmente si no hay signos de infección como fiebre o dolor intenso. Aunque existen causas benignas de irritación cutánea, un cambio sostenido en el color o la textura de la piel del seno merece una consulta prioritaria para descartar problemas subyacentes.

3) Pezón invertido de forma repentina o secreción anormal. Muchas personas tienen el pezón naturalmente hacia adentro desde siempre; eso, por sí solo, no es preocupante. Lo que sí requiere evaluación es que un pezón que antes apuntaba hacia afuera comience a hundirse o retraerse, o que aparezca secreción espontánea (es decir, que sale sin apretar), sobre todo si es sanguinolenta, transparente acuosa o unilateral (solo de un lado). La secreción lechosa fuera del embarazo y la lactancia puede tener otras explicaciones hormonales, pero cualquier cambio nuevo o con sangre debe revisarse sin demora.

4) Bulto o ganglio aumentado de tamaño en la axila. A veces, los primeros signos se detectan en la axila, donde hay ganglios linfáticos que participan en la respuesta inmunitaria. Un nódulo duro, firme, no doloroso y que persiste más de dos a cuatro semanas amerita valoración, especialmente si no coincide con un cuadro infeccioso reciente. Durante el autoexamen conviene palpar no solo el tejido del seno, sino también la axila y la región por encima de la clavícula, en busca de áreas nuevas de consistencia diferente.

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