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¡4 vitaminas que arrasan con el hígado graso: la #3 te sorprenderá!

Integrar la vitamina E desde frutos secos y aceite de oliva, el complejo B desde proteínas magras, legumbres y granos integrales, la vitamina K desde vegetales verdes, y la vitamina C desde frutas y pimientos crea una base sólida para que el hígado haga lo que mejor sabe hacer: mantener el equilibrio del organismo. La constancia es la llave; los resultados, la mejor motivación para sostener el cambio.

Si ya identificaste que ciertos alimentos te dejan pesado o somnoliento, prueba a sustituirlos por versiones integrales y a organizar tus platos con una mitad de vegetales, un cuarto de proteína de calidad y un cuarto de carbohidratos complejos. Añade una fuente pequeña de grasas saludables y, cuando sea posible, un elemento rico en vitamina C para favorecer la absorción de otros nutrientes. Este sencillo patrón facilita la planificación, disminuye la carga para el hígado y encaja bien en la vida diaria.

El hígado agradece la estabilidad. Cada día que eliges un desayuno rico en vitaminas, un almuerzo con vegetales verdes, una cena ligera y agua suficiente, se reduce la inflamación interna y se optimiza la maquinaria metabólica que hace posible tu energía, tu claridad mental y tu bienestar digestivo. Apóyalo con paciencia y constancia, y verás cómo responde.

El video original puedes verlo pinchando AQUÍ

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