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Las Puertas del Vaticano se Cierran: Elección Vaticana Envuelta en Misterio
El Proceso de Elección

El proceso de elección comienza mucho antes de que los cardenales ingresen al cónclave. Se lleva a cabo en la Capilla Sixtina, uno de los lugares más emblemáticos de la Ciudad del Vaticano, rodeados por las magníficas pinturas de Miguel Ángel. Los cardenales, quienes son los hombres más altos de la jerarquía eclesiástica, se reúnen en secreto. Hay un voto preliminar para evaluar la situación, seguido de debates y negociaciones sutiles que pueden extenderse por días, o incluso semanas.
El cónclave está compuesto por cardenales menores de 80 años, quienes son responsables de la elección del nuevo Papa. Cada uno de ellos es designado por el Papa anterior, añadiendo una capa de continuidad en este solemne proceso. A medida que los cardenales ponderan sus votos, las decisiones no se toman a la ligera; cada voto representa no solo una elección política, sino una declaración espiritual profunda para la comunidad global.
Una vez que la votación comienza, se llevan a cabo hasta cuatro rondas cada día. La fumata bianca o «humo blanco» es la señal tradicional que se utiliza para indicar que se ha elegido a un nuevo Papa. Hasta que el humo blanco emane de la chimenea situada sobre la Capilla Sixtina, el mundo espera con bated breath, siempre pendiente del ritual que se desarrolla detrá de esas puertas cerradas.
El momento en que «se cierran las puertas del Vaticano» es uno cargado de simbología ancestral que rememora los votos de silencio y el compromiso de los cardenales con el proceso divino que están a punto de embarcar. La expectativa se cuece en una soledad colectiva que une a los fieles y no creyentes, en la esperanza de la llegada de un nuevo líder que pueda llevar a la comunidad global a un futuro más prometedor.