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Descubre los Síntomas de Infarto en Mujeres que No Debes Ignorar
- Dolor en el pecho: Puede no ser abrumador. En algunas mujeres, el dolor puede sentirse como una presión, opresión o plenitud.
- Pain en otras áreas del cuerpo: El dolor puede irradiarse a los brazos, la espalda, el cuello, la mandíbula o el estómago.
- Falta de aliento: Esto puede ocurrir con o sin dolor en el pecho y puede aparecer durante las actividades normales o en reposo.
- Fatiga inusual: Especialmente si se siente sin razón aparente y es diferente de la fatiga habitual.
- Náuseas o vómitos: Algunas mujeres pueden sentir náuseas o tener episodios de vómitos.
- Sudoración excesiva: La sudoración abrupta y sin razón aparente es un síntoma que no debe ser ignorado.
La presencia de uno o varios de estos síntomas podría ser un indicativo de un infarto inminente. Es fundamental que las mujeres no se queden calladas y busquen atención médica de inmediato si experimentan cualquiera de estos signos. Cada minuto cuenta en una situación de emergencia cardíaca.
Factores de Riesgo para las Mujeres

No todas las mujeres tienen el mismo riesgo de sufrir un infarto. Existen factores de riesgo que pueden hacer que algunas sean más vulnerables que otras. Algunos de los factores de riesgo más comunes incluyen:
- Edad: Las mujeres mayores de 55 años tienen un mayor riesgo, especialmente después de la menopausia.
- Historia familiar: Si hay antecedentes de enfermedades cardíacas en la familia, el riesgo aumenta.
- Consumo de tabaco: Fumar aumenta significativamente el riesgo de enfermedades del corazón.
- Diabetes: Las mujeres con diabetes tienen un mayor riesgo de sufrir un infarto.
- Obesidad: El sobrepeso o la obesidad son factores de riesgo adicionales que pueden contribuir a problemas cardíacos.
- Estrés: Niveles altos de estrés pueden elevar el riesgo al contribuir a otros factores como la presión arterial alta.
Entender estos factores de riesgo es esencial para que las mujeres puedan tomar decisiones informadas sobre su salud y tomar medidas preventivas para reducir su vulnerabilidad. Consultar regularmente con un médico y hacerse chequeos puede ayudar a detectar problemas antes de que se conviertan en algo más serio.