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El detalle que arruina tu crema pastelera y no lo sabes

Agrega la harina de maíz o maicena, cuidando de que no queden grumos. Calienta el resto de la leche en un cazo y añade el aroma de vainilla. Este es el momento en que debes estar atento: cuando la leche hierva, retírala del fuego.

Ahora, añade lentamente la leche caliente a la mezcla de yemas, sin dejar de remover. Este es el paso donde muchos se rinden, pero es esencial para evitar que las yemas se coagulen. ¿Te atreves a intentarlo?

Vierte la mezcla en el cazo y caliéntala nuevamente, removiendo constantemente. Aquí es donde la magia sucede: la crema comenzará a espesar. No te distraigas, ya que es fácil que se pegue al fondo.

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