¿Qué ocurrirá en Cuba si falta el petróleo venezolano?

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Foto: Shutterstock

Texto: Fede Gayardo

La posibilidad de que Cuba pierda el suministro de petróleo de Venezuela coloca a la Isla en un panorama de máxima vulnerabilidad económica, con efectos directos en la electricidad, el transporte, la producción y la vida diaria.

Así lo advirtió Jorge Piñón, investigador principal del Instituto de Energía de la Universidad de Texas, quien señala que una interrupción repentina del petróleo venezolano podría desatar lo que él denomina “el gran colapso” de la economía cubana.

En una entrevista para el programa “Las noticias como son”, del medio Martí Noticias, Piñón explicó que actualmente Cuba recibe entre 32.000 y 35.000 barriles diarios de petróleo venezolano, un volumen que cubre cerca del 50% del déficit petrolero del país. “Cuba ha estado recibiendo en los últimos trimestres entre 32 y 35.000 barriles diarios de Venezuela, que representan casi el 50% del déficit petrolero cubano”, precisó el experto.

Frente a la complejidad del contexto político y energético, Piñón considera que es plausible que Washington y Caracas decidan mantener temporalmente este flujo para evitar un colapso inminente.

“No dudo que entre las negociaciones actuales entre Washington y Caracas, esté el compromiso de mantener el suministro de los 35.000 barriles diarios a Cuba durante los próximos meses para prevenir un desplome”, puntualizó.

El margen de acción de La Habana, sin embargo, es escaso. Según el investigador, la falta de liquidez imposibilita acudir al mercado internacional para adquirir combustibles. “No tienen efectivo, no tienen dinero, por lo que no pueden salir a los mercados internacionales europeos a comprar diésel o gas licuado. Así, Cuba está prácticamente en bancarrota”, afirmó.

A esta situación se suma la reducción del suministro mexicano, que ha caído de 22.000 barriles diarios a solo 7.000, lo que aumenta aún más la dependencia del crudo venezolano. “Cuba ahora depende mucho más de los 35.000 barriles que está recibiendo de Venezuela”, subrayó.

Piñón también relacionó el factor energético con la estabilidad social. A su juicio, un empeoramiento de la crisis podría generar un nuevo estallido social. “Nos preocupa la situación, no solo desde el aspecto económico, (…) sino que los cubanos pueden llegar al límite y salir a la calle como lo hicieron en 2021”, advirtió.

En el ámbito regional, el especialista aclaró que una posible reactivación completa de la industria petrolera venezolana no sería un proceso rápido. Aun con la llegada de grandes compañías, se necesitarían garantías políticas, seguridad jurídica y fuertes inversiones. “Va a tomar entre tres a cinco años y miles de millones de dólares para que la producción de Venezuela vuelva a alcanzar los 3,4 millones de barriles diarios que el país producía en 1998”, estimó.

Además, está la incógnita sobre el papel de China y Rusia, países que ya tienen inversiones en el sector petrolero venezolano. “Existen actualmente activos chinos y rusos que están perforando y produciendo petróleo en Venezuela. ¿Se respetará la inversión que han hecho China y Rusia?”, se preguntó, al tiempo que recordó el deterioro de campos, oleoductos e infraestructuras que requieren urgentemente capital y mantenimiento.

Piñón destacó que, aunque Estados Unidos produce grandes volúmenes de crudo y Canadá ha reemplazado parte del petróleo venezolano, Washington conserva un interés estratégico en Venezuela debido a su ubicación y reservas. “Estados Unidos necesita tener una participación, un rol dentro de Venezuela, el país con más reservas estratégicas a solo una semana de distancia. No podemos permitir que se escapen”, afirmó.

Para Cuba, el panorama es alarmante. En el corto plazo, Piñón no identifica un sustituto viable para el petróleo venezolano, ni por capacidad ni por voluntad política. “No veo quién puede venir (…) y salvar a Cuba de una situación como esta si pierde el suministro venezolano”, concluyó.

Sin ese crudo, la Isla se enfrentaría a apagones más extensos, paralización del transporte y un aumento de la presión social. El petróleo venezolano, más que un recurso energético, se ha convertido en una pieza fundamental para la supervivencia económica cubana. Su posible falta abre un horizonte que muchos en La Habana temen, pero pocos pueden evitar.

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