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El músico y productor cubano X Alfonso reaccionó con firmeza al comunicado oficial emitido por instituciones culturales del gobierno cubano tras el incidente sucedido en la Fábrica de Arte Cubano (FAC), donde se le negó la entrada a un joven bajo la justificación del derecho de admisión. Posteriormente, los ataques a la familia de Alfonso y a la institución que él dirige alcanzaron niveles descontrolados.
En una amplia y contundente declaración pública, fechada el 1 de enero de 2026, Alfonso calificó el mensaje institucional de “discursos vacíos” y denunció lo que considera una campaña oficial injusta en contra de uno de los proyectos culturales más significativos del país.
X Alfonso ubica el debate en un contexto personal y generacional. Se presenta como hijo de un barrio humilde de La Habana, con raíces familiares marcadas por la esclavitud, y deja claro que, a sus más de 50 años, no está dispuesto a aceptar lecciones morales ni relatos oficiales sobre igualdad y justicia social.
El artista cuestiona la frase central del comunicado gubernamental, que afirma que “la Revolución y sus instituciones están y estarán siempre al servicio del pueblo”, y la contrasta con experiencias históricas de exclusión que, según recuerda, han afectado a varias generaciones de cubanos.
Qué ocurrió realmente en FAC, según X Alfonso
En su narración, Alfonso detalla que el 26 de diciembre un joven llamado Kevin y dos amigas fueron rechazados en la entrada a FAC debido a un error: el personal de seguridad lo habría confundido con una persona relacionada con robos en el lugar.
El músico afirma que, al enterarse del incidente, se comunicó personalmente con el joven, pidió disculpas y aclaró el malentendido, reconociendo que fue un error grave que lamenta profundamente.
Además, enfatizó que el derecho de admisión en FAC se emplea únicamente para salvaguardar la seguridad tanto del público como del personal, ante situaciones reales como robos, acoso, consumo de drogas o comportamientos violentos, problemas que, según denuncia, han sido reportados repetidamente a las autoridades sin obtener respuesta.
X Alfonso se enfrenta a las acusaciones de racismo provenientes de espacios oficiales. El artista califica esa narrativa como “surrealista” y se niega a legitimar lo que considera una manipulación política del incidente.
El artista va más allá y recuerda que el uso arbitrario del derecho de admisión ha sido una práctica común en Cuba durante décadas: desde la prohibición de entrada a hoteles para cubanos hasta el acceso restringido a espacios por motivos políticos o sociales. Para él, el problema no es FAC, sino una estructura social profundamente desigual.
X Alfonso también enmarca el conflicto dentro de una relación tensa y prolongada con el Ministerio de Cultura, que, afirma, se arrastra desde 2018. Habla de censuras, falta de diálogo y constantes presiones sobre FAC y otros artistas, describiendo el espacio como una “espina en el zapato” para las autoridades culturales.
En uno de los pasajes más contundentes, advierte que el poder puede cerrar un edificio, pero no puede silenciar un proyecto cultural ni las voces que lo sostienen.



