Foto: Archivo CN360
El presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, envió el 31 de diciembre un mensaje de felicitación al pueblo cubano para celebrar el cierre de 2025, acompañado de una solicitud ideológica de cara a 2026, en un contexto caracterizado por una grave crisis económica, apagones prolongados y las secuelas de un éxodo migratorio sin precedentes.
Un mensaje de fin de año, pero lleno de consignas
A través de un comunicado publicado en la red social X, Díaz-Canel manifestó su deseo de que «cada tarea que emprendamos en 2026, desde las transformaciones económicas más complejas hasta el gesto más simple de solidaridad, lleve impregnado el espíritu fidelista de lucha y su profundo amor por el pueblo».
La mención directa a Fidel Castro y al llamado «espíritu fidelista» volvió a ser el eje del discurso presidencial, constituyendo una fórmula habitual en los mensajes oficiales desde que Díaz-Canel asumió la presidencia.
El contraste con la realidad diaria en Cuba
El tono del mensaje contrasta fuertemente con la situación que vive el país al final de 2025. Cuba enfrenta uno de los momentos más difíciles de su historia reciente: inflación sostenida, salarios que no alcanzan para la canasta básica, escasez crónica de alimentos y medicinas, apagones que superan las 12 horas al día en amplias zonas del país y un colapso productivo que no muestra signos de mejora.
Adicionalmente, un éxodo masivo ha vaciado barrios enteros y ha reducido la fuerza laboral de la isla, dejando a miles de familias separadas por la emigración.
Promesas reiteradas, y resultados ausentes
No es la primera vez que el presidente cubano o las autoridades de la isla utilizan el cierre de un año para transmitir mensajes de optimismo. En discursos previos, el mandatario afirmó que «lo peor había quedado atrás», que llegarían «tiempos mejores» y que las reformas económicas comenzarían a dar frutos.
No obstante, año tras año, la realidad ha ido en sentido contrario. En lugar de mejorar, los indicadores sociales y económicos han empeorado, ampliando la brecha entre el discurso estatal y la vivencia diaria del pueblo cubano que lucha por hacer frente a la situación.
En un país donde millones de personas dedican gran parte de su día a resolver cuestiones como qué comer, cómo obtener medicinas o cómo lidiar con los apagones, las referencias simbólicas al pasado no ofrecen soluciones prácticas. De hecho, evocan los difíciles años del período especial en la década de 1990, cuando los cubanos también enfrentaban apagones severos y una situación desesperante.
Así, el 2026 comienza con un mensaje oficial que repite fórmulas conocidas, en una nación donde muchos cubanos ya no anhelan promesas, sino cambios reales que todavía no llegan.



