Foto: RRSS
Texto: Fede Gayardo
El actor cubano Rodolfo Faxas ha expresado de manera contundente una idea que, en su caso, no deja lugar a dudas: “Yo te digo que volvería a Cuba”. Sin embargo, esta afirmación fue acompañada de una condición crucial, tan específica como reveladora: “Si yo pudiera vivir de mi arte, vivir bien, yo volvería a Cuba”.
Durante una charla reciente en el podcast El show de la familia cubana, el actor hizo hincapié en la Isla como un territorio emocional, una experiencia física y vital. “La energía que a mí me da Cuba no me la ha proporcionado ningún otro lugar aún”, confesó, aterrizando ese sentimiento en un punto muy específico del mapa: Cojímar.
“Yo soy de Cojímar, no soy del Vedado, no soy de Miramar; no quiero denigrar, pero el sentimiento de un pueblo como Cojímar, haber nacido allí… cada vez que regreso, camino descalzo sobre las rocas, me duele un montón y cada dolor me saca una sonrisa”, afirmó.
El actor manifestó también su orgullo por su trayectoria en Cuba. “Haber vivido en mi país, hacer lo que me gusta, haber alcanzado cierto éxito y que la gente me reconozca en la calle por mi trabajo, eso es incuestionable”, destacó. Desde esta perspectiva, plantea un escenario hipotético de manera directa: “Si de repente Cuba cambiara, no dudaría en volver. Te lo juro”.
Faxas también se refirió a una de las interpretaciones más comunes sobre la emigración cubana. Aclaró que su salida no fue motivada por razones económicas. “No me fui de Cuba por razones económicas. Me fui porque no podía vivir allí debido a esta catástrofe”. Esa “catástrofe”, contó, fue un divorcio especialmente doloroso con la madre de su hija menor. “No fue solo una separación triste, fue un caos, fue Hiroshima y Nagasaki para mí”, agregó.
Su primer destino fue Miami, pero las circunstancias sentimentales que atravesaba no le permitieron adaptarse. “Estuve un mes en Miami y no pude, porque quería seguir siendo el mismo y estaba tan abatido que no podía transmitir la alegría que siento”.
A esto se unía el peso emocional de las constantes preguntas: “Todo el mundo me preguntaba por mi esposa y mi hija, y era como recibir una lanza”. Su salida fue, en realidad, un intento por ocultarse: “Entonces me fui a esconder a Michigan”.
Allí tocó fondo. Sin dramatismos, Faxas describió uno de los capítulos más difíciles de su vida. “Llegué a pensar lo que puede pensar una persona en el punto más bajo en Michigan. Fue duro, duro, duro”. Como relató, “el primer mes que pasé en Michigan, viví a base de perritos y latas de Fanta. Era lo único que comía. Podía pasar dos días sin comer, y cuando mi cuerpo pedía algo, comía eso”.
Amplia y públicamente reconocido por su trabajo en el cine, teatro y televisión, Faxas tuvo una participación constante en producciones de la Isla durante años. Formado artísticamente en Cuba, construyó una carrera sólida que le permitió ganar popularidad y reconocimiento antes de emigrar.
Su experiencia migratoria, llena de altibajos emocionales y materiales, ha influido notablemente en su discurso público y en la forma directa en que aborda temas como la identidad, la pertenencia y el concepto del éxito.
Hoy, Faxas no idealiza ni reniega. Mira a Cuba con un afecto crítico y hacia el futuro con una claridad poco común: volvería, sí, pero solo si el arte dejara de ser una heroicidad y pasara a ser una forma digna de vivir. Dicho así, sin adornos.



