Foto: Shutterstock
Texto: Fede Gayardo
La administración del presidente Donald Trump ha planteado a la presidenta interina de Venezuela, Delcy Rodríguez, una serie de condiciones estrictas para que el país pueda reanudar la producción y comercialización de su crudo, según informes de medios internacionales. Entre los requisitos más controvertidos se incluye la ruptura de relaciones económicas y estratégicas con varios aliados tradicionales, tales como Cuba, China, Rusia e Irán.
De acuerdo con fuentes como ABC News, la Casa Blanca habría comunicado a Rodríguez que, antes de que Caracas pueda extraer y vender petróleo, Venezuela debe “expulsar” a esos cuatro países y “cortar” sus vínculos comerciales y políticos con ellos.
Además, Estados Unidos exige que la nación sudamericana firme una asociación petrolera “exclusiva” con Washington, favoreciendo la participación de empresas estadounidenses en la producción y venta de su crudo pesado.
En conversaciones privadas con legisladores, el secretario de Estado, Marco Rubio, también habría mencionado que Washington considera que puede aumentar la presión sobre Venezuela, dado que sus tanqueros están llenos y solo tiene “un par de semanas” antes de enfrentar una posible insolvencia si no logra vender sus reservas.
Por su parte, el senador Roger Wicker, presidente del Comité de Servicios Armados del Senado, respaldó públicamente la estrategia estadounidense, afirmando que el plan busca controlar la industria petrolera venezolana y sus envíos, sin necesidad de desplegar tropas en el terreno.
“El Gobierno sí pretende controlar el petróleo, hacerse cargo de los barcos, de los tanqueros, y ninguno de ellos va a ir a La Habana”, apuntó Wicker en una entrevista en la que dejó claro que no se contempla un conflicto armado tradicional como parte de esta política.
Las exigencias de Washington también son parte de un esfuerzo más amplio por ejercer “el máximo apalancamiento” sobre las autoridades venezolanas actuales, incluyendo medidas para frenar la migración irregular, contrarrestar el tráfico de drogas y “revitalizar” la infraestructura energética del país.
Estas demandas surgen en un contexto de tensiones extremas tras una operación militar estadounidense que culminó con la captura de Nicolás Maduro y la instalación de un gobierno provisional encabezado por Delcy Rodríguez.
Simultáneamente, Trump ha anunciado acuerdos que permitirían a Estados Unidos exportar y vender millones de barriles de petróleo venezolano, estimados entre 30 y 50 millones de barriles, al mercado estadounidense, cuyo importe estaría bajo supervisión de la Casa Blanca.
Hasta ahora, el gobierno interino de Venezuela no ha emitido una respuesta oficial a estas condiciones, aunque ha afirmado que ningún “actor externo” dirige sus decisiones, en medio de la presión diplomática de Washington para reconfigurar las alianzas geopolíticas del país.
La exigencia de distanciar a Venezuela de sus socios tradicionales, especialmente de Cuba, que ha sido un aliado histórico y estratégico, representa un cambio radical en la política regional y podría tener profundas repercusiones económicas y diplomáticas en toda América Latina si finalmente se concreta.



