31 de diciembre en Cuba: una mezcla de costumbres y celebración de la esperanza.

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Foto: Cuba Noticias 360

Al llegar el 31 de diciembre, diversas capitales del mundo se llenan de luces, música, cenas lujosas y celebraciones que se extienden hasta la llegada del nuevo año. No obstante, en Cuba, la festividad toma un rumbo diferente.

La Nochevieja conserva sus rituales y una profunda aspiración de renovación, aunque se vive con la consciencia de un entorno lleno de retos. La preparación para dar la bienvenida al nuevo año se mezcla con nostalgia, resignación, ingenio y un anhelo significativo de cambio.

En tiempos pasados, las mesas estaban repletas; hoy, debido a la crisis alimentaria, conseguir incluso los ingredientes mínimos se ha vuelto un desafío. A pesar de ello, muchos hacen el esfuerzo y quienes pueden se organizan para compartir lo poco que tienen, repartiendo las tareas, intercambiando lo que falta y reviviendo el espíritu del último día del año.

A la medianoche se repiten los rituales tradicionales de despedida: algunas casas lanzan un cubo de agua hacia la puerta o la calle, simbolizando la limpieza de lo negativo del año que se va. Otros realizan la tradicional vuelta a la cuadra con una maleta en mano, con la esperanza de atraer la suerte o la posibilidad de viajar en los próximos meses.

Sin embargo, este 2025, la celebración presenta evidentes fisuras, ya que quienes esperaban música, luces o fiestas en la calle podrían enfrentarse a apagones prolongados, escasez de transporte o mercados vacíos.

Otra realidad que influirá en este fin de año es la migración. Miles de cubanos han dejado el país en los últimos años, dejando a familias divididas. Para muchos, la medianoche no se celebrará con un brindis en la misma mesa, sino con una llamada, un chat de video, o una señal a través de pantallas.

Cuando los apagones lo permitan, y si hay acceso a datos o WiFi, los cubanos en la Isla y en el extranjero intentarán reconectarse por un instante y celebrar juntos la llegada del nuevo año. Este es el modo de afirmar que, aunque separados por el mar, seguimos siendo familia.

Esta desconexión física trae consigo nostalgia, extrañando abrazos, sabores caseros y fiestas comunitarias. Sin embargo, también se evidencia una resiliencia adaptativa con mesas modestas, luces de velas y canciones compartidas a través del celular. A veces, basta con una canción, una risa, un saludo desde lejos con la voz quebrada para que el 31 de diciembre recupere algo de su magia.

Entre los cubanos que se quedaron, se atisba una esperanza. La de que 2026 sea un año más favorable. Muchos simplemente desean estabilidad en lo esencial: electricidad, acceso a alimentos, medicinas y transporte. Otros anhelan recuperar la normalidad perdida. Y casi todos coinciden en que quieren volver a celebrar una Nochevieja auténtica, sin apagones, sin hambre, sin miedo, con música y risas que perduren hasta el amanecer. La tradición no desaparece, aunque los tiempos cambien.

Este 31 de diciembre, a medida que el reloj marque la medianoche, muchas luces en Cuba pueden estar apagadas, pero se continuará brindando por la salud, el amor y tiempos mejores. En ese pequeño gesto reside también la fortaleza de los cubanos y la resiliencia de los padres que enseñan a sus hijos que es posible sonreír a pesar de todo.

Aunque el 2025 haya sido un año de apagones, crisis y ausencias, los cubanos despedirán el año con dignidad y esperanza, recordando épocas en que la Isla brillaba con mayor intensidad, y soñando con un 2026 en el que, finalmente, las luces, la comida y la alegría regresen a cada hogar. Porque en Cuba, celebrar el Año Nuevo es también celebrar la capacidad de resistir, compartir y creer que, incluso en medio de la adversidad, lo mejor está por venir.

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