Foto: Archivo CN360
El discurso económico oficial en Cuba ha mostrado un giro inesperado durante las recientes intervenciones televisivas, donde las autoridades han admitido que la unificación monetaria, promovida durante años como una meta estratégica, no será viable por el momento.
Este anuncio se realizó en el programa Cuadrando la Caja, con la participación de representantes del Banco Central, la Asociación Nacional de Economistas y Contadores de Cuba (ANEC) y del sector no estatal.
Este cambio no significa una renuncia definitiva, pero sí un replanteamiento de las prioridades. Según los funcionarios, el país carece de las condiciones necesarias para mantener una tasa de cambio única, así como de reservas para respaldarla. Por lo tanto, se optará por un esquema más flexible que permita avanzar hacia la estabilidad sin agravar los desequilibrios existentes.
Ian Pedro Carbonell Karell, director de Políticas Macroeconómicas del Banco Central, explicó que la economía nacional enfrenta una serie de factores adversos: la contracción del PIB, una excesiva emisión monetaria y una dolarización parcial que genera una demanda de divisas muy superior a la oferta disponible. En este escenario, mantener un tipo de cambio fijo sería inviable.
“Para defender el valor del peso cubano, se requieren reservas internacionales que hoy no poseemos”, afirmó Carbonell. Por esta razón, el Gobierno propone un modelo de transición que combine transparencia operativa con flexibilidad, permitiendo que la tasa de cambio se determine a partir de datos reales del sistema financiero.
Sobre el mercado cambiario oficial
Desde la ANEC, el economista Ayuban Gutiérrez Quintanilla enfatizó que el ordenamiento del mercado cambiario oficial es un paso esencial. A su juicio, sin una tasa de referencia basada en transacciones verificadas, no es posible controlar la informalidad, mejorar la contabilidad nacional ni evaluar adecuadamente precios, impuestos o costos empresariales.
Gutiérrez advirtió que la ausencia de un mercado cambiario funcional distorsiona todos los indicadores macroeconómicos y limita la capacidad del Estado para formular políticas efectivas. La formalización de este segmento, insistió, debe ser la base sobre la cual se cimenten futuros intentos de unificación monetaria.
El nuevo enfoque busca abandonar esquemas rígidos. El peso cubano coexistirá, por el momento, con el dólar y otras divisas en un régimen que permitirá que el tipo de cambio se forme a partir de operaciones reales. A través de los bancos, se recopilarán transacciones verificadas que servirán como punto de partida para establecer una tasa oficial de referencia.
El proceso será gradual. Después de la creación de ese punto de referencia, se prevé la implementación de medidas fiscales y monetarias que estabilicen la economía y ayuden a controlar la inflación. Los participantes del programa subrayaron que la unificación no desaparece como objetivo, pero su ejecución dependerá del entorno económico y de la capacidad institucional para sostenerla sin provocar daños colaterales.


